Colaboración: Juan José Quiñónez.
México.- Una de las celebraciones con mayor riqueza cultural en nuestro país, sin duda, es la tradición del Día de Muertos que llena de color, olores, sabores, recuerdos y sobretodo de leyendas, de donde surgen varios mitos de la llegada de los muertos como el de «Mictlán».
Para las culturas mesoamericanas el culto a los muertos era parte fundamental de sus creencias religiosas; para los Mexicas las almas tenían que pasar por una serie de obstáculos para ganarse su lugar en Mictlán, y alcanzar el llamado “descanso eterno”.
Al Mictlán sólo iban aquellos que morían de muerte natural, fueran señores o macehuales, sin distinción de rango ni riquezas, o de enfermedades que no tenían un carácter sagrado.
Luego de morir, tienen que pasar 4 años para que las ánimas pudieran salir en su viaje al inframundo donde serán recibidas por los dioses Mictecacíhuatl y Mictlantecuhtli.
Se integra por nueve niveles, en los cuales los muertos deben cruzar hasta llegar al Chiucnauhmictlan, el último de los niveles, donde los esperan con ofrendas comida, flores y bailes en su honor; las cuales forman parte de las raíces prehispánicas del actual Día de Muertos.




