
Colaboradora: Grecia Sánchez
Culiacán, Sinaloa.- La Rosca de Reyes tiene sus orígenes en Europa, específicamente en Francia, durante la época medieval, cuando se celebraba la Epifanía. En sus primeras versiones, la rosca era un pan dulce redondo o ovalado que se decoraba con frutas confitadas, las cuales representaban las joyas de una corona.
Con el paso de los siglos, la tradición se extendió por todo el continente europeo y llegó a América Latina, donde adoptó nuevas características, como la inclusión de la figura del Niño Jesús escondida en su interior. La persona que la encontrara debía organizar una fiesta en honor al Día de la Candelaria, una tradición que perdura hasta el día de hoy.
En México, la Rosca de Reyes ha evolucionado significativamente desde sus inicios, convirtiéndose en un elemento central de la celebración del Día de Reyes. Además de la figura del Niño Jesús, es común encontrar la rosca adornada con azúcar glas, frutas secas y a veces incluso rellenos como crema o chocolate.
Este pan dulce se comparte entre familiares y amigos, uniendo a las personas en una misma mesa mientras se disfruta de la tradición. En cada hogar, el acto de cortar la rosca es un momento cargado de emoción, ya que el que encuentra la figura del Niño Jesús asume el compromiso de invitar a los tamales el 2 de febrero.
Hoy en día, la Rosca de Reyes sigue siendo un símbolo de unión familiar y comunitaria, que trasciende fronteras y generaciones. Aunque su forma y los ingredientes han cambiado, el espíritu de compartir y celebrar en conjunto continúa siendo el corazón de esta tradición. En el 2025, mantiene su relevancia como un vínculo cultural que conecta el pasado con el presente, haciendo que sea una muestra de cómo la historia se sigue viviendo en cada hogar.


