
Los Mochis, Sinaloa.- Durante las marchas del Día Internacional de la Mujer, una de las discusiones que suele surgir en la opinión pública es si las intervenciones realizadas en monumentos o espacios públicos deben considerarse vandalismo o iconoclasia.
Mientras algunos sectores califican estas acciones como daños al patrimonio o actos vandálicos, desde el movimiento feminista y desde algunos ámbitos académicos se plantea que se trata de iconoclasia, una forma de protesta simbólica que busca cuestionar y resignificar ciertos símbolos presentes en el espacio público.
El término iconoclasia no es nuevo. Proviene del griego eikon (imagen) y klastein (romper), y comenzó a utilizarse hace más de mil años, especialmente durante los conflictos religiosos del Imperio Bizantino entre los siglos VIII y IX, cuando surgieron movimientos que buscaban destruir imágenes religiosas consideradas inapropiadas o contrarias a la fe.
Desde entonces, el concepto se ha utilizado para describir acciones dirigidas contra símbolos, estatuas o representaciones que ciertos grupos consideran que representan poder, opresión o injusticia.

En el contexto de las marchas feministas, estas intervenciones suelen realizarse sobre monumentos, edificios o espacios considerados representativos del Estado o de estructuras históricas que, desde esta perspectiva, han ignorado o minimizado la violencia contra las mujeres.
Especialistas en movimientos sociales señalan que la iconoclasia ha aparecido en distintos momentos de la historia como una forma de protesta política y social, en la que intervenir símbolos busca generar debate público y visibilizar demandas.
Por otro lado, el vandalismo suele definirse como la destrucción o daño a bienes públicos o privados sin un propósito político o social claro, lo que marca una diferencia conceptual con las acciones que buscan transmitir un mensaje o cuestionar estructuras de poder.
Cada año, durante las movilizaciones del 8 de marzo, este debate vuelve a surgir cuando se presentan intervenciones en monumentos o edificios públicos.
Para muchas participantes en las marchas, estas acciones forman parte de una expresión de inconformidad frente a la violencia de género y la falta de justicia en diversos casos que han marcado al país.



