
Culiacán, Sinaloa.- Al eco de justicia y marcados por el luto, este Día del Trabajo no hubo celebración para los integrantes del Sindicato de Trabajadores al Servicio del Ayuntamiento de Culiacán (STASAC), sino una marcha marcada por la indignación y la tristeza tras el asesinato de su dirigente, Homar Salas, apenas la mañana del jueves en la capital sinaloense.
Decenas de trabajadores tomaron la avenida Álvaro Obregón, avanzando desde el Parque Revolución hasta la Catedral; vestidos de color rojo y portando pancartas, marcharon con el peso de una ausencia reciente y la exigencia clara, justicia.

“Hay tristeza, hay indignación, hay coraje, también lo hay; solo queríamos ser unidos, hacer las cosas bien, y nos sentimos muy tristes y muy decepcionados… ¿Qué le pide a las autoridades?… justicia, que ponga atención a lo que está pasando, no podemos hacer oídos sordos”, mencionó Patricia Tomás, sindicalizada.
El crimen que arrebató la vida a su líder y a su compañero Benjamín, mencionan, no solo dejó un vacío en el sindicato, sino también una profunda decepción contra las autoridades, ante quienes hoy alzaron la voz.

“Solo justicia laboral, lo que siempre quiso Homar: unidad, y estaba dispuesto a hacer equipo. Nosotros seguimos dispuestos a hacer equipo con la administración que esté y vamos a dar continuidad a su legado”, añadió Cecilia Carrillo.
Detallan que, a un día del atentado, el dolor sigue fresco y la incertidumbre creciente.

“Yo soy jubilada y nunca había pasado esto, nunca había pasado esto y ahora está de remate todo, muchas cosas por delante, y Homar traía los pantalones bien puestos y le truncaron su vida”, protestó Lorena Millán, jubilada del STASAC.
La movilización, que coincidió con una fecha dedicada a la defensa de los derechos laborales, se convirtió en un llamado urgente a las autoridades estatales y municipales; los manifestantes denunciaron que, hasta el momento, no se han dado a conocer detalles concretos del caso ni se ha informado sobre personas detenidas.
En Culiacán, el Día del Trabajo se vivió distinto: se transformó en una exigencia de justicia en medio de la creciente ola de violencia en Sinaloa.



