
Ahome, Sinaloa.- Se cumplen cien días del plantón que mantiene a la comunidad Mayo-Yoreme, pescadores, ambientalistas, y ciudadanos del colectivo “Aquí No” en rechazo a la planta de amoniaco GPO que se construye en la Bahía de Ohuira.
Pero la historia no comenzó hace 100 días, la oposición a la planta que pretende producir 2 mil 200 toneladas diarias de amoniaco, tiene más de una década por defensa de un territorio considerado sagrado por los pueblos originarios.
El 29 de mayo ocurrió uno de los episodios que marcarían el inicio de esta nueva etapa de resistencia, una gigantesca estructura industrial llegó a Topolobampo con destino a la planta de amoniaco de GPO.

Más de 30 metros de largo y alrededor de 300 toneladas de peso hicieron que la pieza fuera imposible de ignorar; por su forma y dimensiones, los habitantes comenzaron a llamarla “el misil”.
Pero una semana después las protestas tomaron fuerza, el 7 de junio pescadores, ambientalistas y ciudadanos realizaron una de las movilizaciones más numerosas contra el proyecto, la marcha partió de Los Mochis y recorrió aproximadamente 24 kilómetros hasta llegar a la zona de la planta; con pancartas y banderas, los manifestantes exigieron detener el proyecto.

En los días siguientes, la resistencia comenzó a extenderse más allá de Topolobampo, las marchas se replicaron en distintos puntos de Sinaloa, como Culiacán y Mazatlán, cruzó las fronteras del estado y llegó hasta la Ciudad de México, donde organizaciones ambientalistas se manifestaron frente a la Embajada de Alemania; pero también alcanzó a Alemania, simpatizantes y residentes mexicanos llevaron el mensaje de “Aquí No” hasta ese país para cuestionar el respaldo financiero al proyecto.
Desde entonces integrantes del colectivo, instalaron un bloqueo permanente en los accesos a la obra, como una clausura simbólica ante la falta de respuesta de las autoridades.

Conforme avanzó la protesta, el gobierno federal y estatal abrió espacios de diálogo con representantes del colectivo y de la empresa; durante las reuniones se abordaron temas relacionados con medio ambiente, seguridad, comunidades indígenas, estudios y condiciones del proyecto.
Las mesas representaron uno de los principales avances en estos 100 días; sin embargo, el diálogo no significó el levantamiento del plantón, el colectivo mantuvo su postura y dejó claro que sentarse a conversar no implicaba renunciar a su exigencia de detener el proyecto.
Cien días después, Topolobampo sigue dividido entre dos visiones de futuro, quienes ven en la planta una oportunidad industrial y quienes consideran que el desarrollo no puede construirse a costa de la bahía.



