
Culiacán, Sinaloa.- Julio Rafael Criollo Beltrán pasó del desarrollo de tecnología a construir una marca de destilados mexicanos. Ante un noroeste con poca cultura de mezcal, su estrategia combina capacitación a restaurantes, degustación, mixología y una Sala de Testeo que busca convertir posteriormente en un modelo replicable.
Lo que inició como el desarrollo de una plataforma de comercio electrónico terminó llevando a Julio Rafael Criollo Beltrán hacia un negocio completamente distinto: los destilados mexicanos.
Ingeniero industrial dedicado desde que terminó su carrera al desarrollo de proyectos tecnológicos, sitios web e implementación de sistemas, hace alrededor de cinco años trabajó para una marca de mezcal. El proyecto despertó su interés por conocer el producto, su cultura y las posibilidades comerciales que existían alrededor de él.
Después participó en un encuentro de restauranteros y destilados mexicanos en Dubái y permaneció dos años en Ciudad de México trabajando en distribución de mezcal. Finalmente regresó a Culiacán, desarrolló su propia marca, Criollo, y posteriormente abrió una Sala de Testeo.
CREAR MERCADO DONDE TODAVÍA ES PEQUEÑO
La experiencia en Ciudad de México permitió a Julio Rafael conocer un mercado donde el mezcal tiene una presencia considerable. Al regresar al noroeste encontró una situación diferente: menor conocimiento del producto, pero también una oportunidad para desarrollarlo.
“Veo mucha oportunidad porque no hay mucha cultura de esto, pues yo lo estoy predicando”, explica.
Su estrategia no consiste solamente en ofrecer botellas. Elabora propuestas para restaurantes, capacita a su personal, explica las diferencias entre variedades y realiza degustaciones para que los participantes conozcan sabores que muchas veces no habían identificado en el mezcal.
Los restaurantes se han convertido en su principal canal comercial. Su producto tiene presencia en diferentes establecimientos de Culiacán y ha encontrado particularmente buena aceptación en restaurantes de mariscos, donde considera que existe una combinación favorable entre los alimentos y las características del destilado.
UNA MARCA SINALOENSE CON PRODUCCIÓN EN OAXACA Y DURANGO
Criollo es una marca registrada desarrollada desde Sinaloa. Para abastecerse, Julio Rafael trabaja con pequeños productores de Santiago Matatlán, Oaxaca, y Nombre de Dios, Durango, además de mantener relación con productores de otros destilados mexicanos.
Parte de los productos llegan embotellados y otros se reciben a granel para posteriormente realizar en Culiacán procesos relacionados con su presentación. Algunos componentes, como botellas y etiquetas, son adquiridos o elaborados localmente.
Su oferta incluye diferentes variedades de agave y otros destilados mexicanos. El Espadín ocupa un lugar importante por su utilización en restaurantes y mixología, pero también trabaja con variedades como Arroqueño, Cenizo y Tobalá, además de Sotol y Lechuguilla.
LA SALA DE TESTEO COMO PARTE DE LA ESTRATEGIA
A finales de noviembre de 2025 abrió Criollo Sala de Testeo, un pequeño espacio en la colonia Las Quintas, en Culiacán. La propia marca lo presenta como un lugar orientado a probar, comparar y comprender los destilados, más que simplemente consumirlos.
La sala tiene capacidad para 14 personas y abre jueves, viernes y sábado de 6:00 de la tarde a 11:30 de la noche. Su ticket promedio ronda entre 250 y 300 pesos y actualmente recibe aproximadamente entre 30 y 40 visitantes durante un fin de semana.
El concepto permite ofrecer los destilados directamente, pero también experimentar con mixología. Algunos cocteles tradicionales son reinterpretados utilizando mezcal, mientras otras preparaciones incorporan frutas y distintos perfiles de sabor.
El establecimiento se encuentra en Presa Vasequillos, en Las Quintas, ubicación que también aparece registrada por el propio negocio.
NO COMPETIR POR VOLUMEN
La estrategia comercial de Julio Criollo tampoco apunta, por ahora, hacia las grandes cadenas.
Reconoce que entrar a ese mercado podría significar mayores volúmenes, pero también competir con mayor intensidad por precio, reducir márgenes y enfrentar condiciones de crédito que no corresponden con el modelo que busca desarrollar.
“Me gustaría más, si acaso, vinotecas y entrar como mezcales premium”, explica. Su apuesta es trabajar con establecimientos especializados y restaurantes donde pueda conservar la diferenciación del producto, aun cuando los volúmenes sean menores.
La marca ya tiene presencia en Culiacán, Mazatlán y Los Mochis, además de Baja California Sur, particularmente en Todos Santos y la zona de Los Cabos, donde logró colocar distintas variedades.
EL NOROESTE COMO SIGUIENTE MERCADO
La expansión que visualiza mantiene esa misma lógica territorial.
Criollo Beltrán busca avanzar hacia Sonora y Baja California, donde considera que existe oportunidad para productos artesanales mexicanos, particularmente por la dinámica fronteriza y la presencia de consumidores extranjeros.
En cambio, no tiene como prioridad avanzar hacia el sur del país, donde encuentra mayor competencia entre marcas y mayor presión sobre los precios.
Así, una característica que inicialmente podría interpretarse como debilidad —el menor conocimiento del mezcal en el noroeste— se convierte en el centro de su estrategia: desarrollar consumidores antes que disputar un mercado ya saturado.
DE LA SALA DE TESTEO A UN MODELO REPLICABLE
Criollo sigue siendo una microempresa. Actualmente participan tres personas y Julio Rafael combina todavía el proyecto de destilados con actividades relacionadas con tecnología.
La Sala de Testeo concentra actualmente parte importante de su atención porque quiere terminar de establecer el concepto antes de dar el siguiente paso. Entre sus planes está incorporar una mayor oferta de alimentos y posteriormente analizar la apertura de otra sucursal o desarrollar un esquema de franquicia.
El recorrido empresarial de Julio Rafael Criollo comenzó lejos de los destilados: desarrollando tecnología para otros negocios. Una plataforma de comercio electrónico lo acercó al mezcal y terminó abriendo una oportunidad empresarial que ahora busca escalar.
Su apuesta no consiste solamente en vender una botella. Primero necesita desarrollar el mercado: enseñar el producto, generar experiencias, construir canales y lograr que más consumidores del noroeste conozcan aquello que todavía no tienen incorporado a sus hábitos de consumo.


