Albergue Santa Rosa: la vida diaria detrás del cuidado a adultos mayores en Ahome

Imagenmedia Noticias1 octubre, 2026

Ahome, Sinaloa.- En el Albergue Santa Rosa hay una rutina que comienza desde temprano y que va mucho más allá de recibir un lugar para dormir. Ahí, los adultos mayores tienen sus propios espacios y actividades, mientras el personal procura que mantengan parte de sus gustos y de su vida cotidiana.

Una de las cosas que más llama la atención al conocer el lugar es la manera en que se organiza la alimentación. Durante el recorrido se explicó que los hombres reciben tres tortillas por comida y las mujeres dos, mientras que la carne se incluye aproximadamente una vez por semana.

El comedor es uno de los espacios principales del albergue. Ahí reciben sus tres comidas del día, aunque la alimentación no se maneja de la misma manera para todos. De acuerdo con lo explicado durante el recorrido, cada residente tiene necesidades diferentes y por eso dejaron de aceptar comida sobrante de fiestas o eventos cuando no pueden garantizar que sea adecuada para quienes viven ahí.

El día también tiene momentos para salir de los dormitorios. El albergue cuenta con un patio amplio donde los residentes pueden permanecer durante el día, además de un área de fisioterapia en la que reciben ejercicios para recuperar movilidad. Hay barras para apoyarse al caminar y realizar parte de las terapias.

César Mesa, administrador del lugar, explicó que algunas personas han llegado en silla de ruedas o con poca movilidad y, después de recibir atención y fisioterapia, han conseguido volver a caminar. También han tenido residentes que recuperan fuerzas y posteriormente piden regresar a su estado de origen.

La recuperación, contó, también tiene que ver con sentirse queridos. Para algunos de los adultos mayores, Santa Rosa termina convirtiéndose en su familia.

“Ellos se sienten queridos porque pues esta es su familia, son sus hermanos. Aquí ha habido noviazgos, se quieren casar entre ellos, divorcios. Ellos encontraron una familia aquí y eso para nosotros ya es el pago”, explicó César.

En el lugar también hay una zona de entretenimiento con juegos de mesa y piezas de madera donde pueden sentarse a realizar distintas actividades. Los residentes también elaboran manualidades durante distintas épocas del año que después pueden venderse.

César contó que una piñata puede venderse en 200 pesos y, si fue elaborada entre dos personas, cada una recibe una parte. Incluso han tenido residentes que, después de tardar varias semanas en terminar una pieza, consideran que su trabajo vale mucho más.

“Ya comienzan a valorar su trabajo, saben que lo están haciendo bien. A lo mejor no va a ser tan rápido como otra persona que lo haga en tres, cuatro días; va a tardar más, pero es un trabajo muy bien hecho. Nosotros trabajamos con seres humanos”, explicó.

Esa posibilidad de obtener un ingreso también les permite gastar parte de su dinero en cosas que disfrutan. César contó que algunos compran antojitos, mientras que otros buscan artículos como tintes para el cabello, sombreros o zapatos.

Entre quienes viven en Santa Rosa está Luz María, una adulta mayor de quien el personal no ha podido establecer los datos de su identidad y procedencia, debido a que llegó sin documentación que permitiera conocer con precisión su edad o lugar de origen.

César contó que Luz María quería unos zapatos rojos, un tipo de calzado que pocas veces llega entre las donaciones. Cuando un residente necesita algo muy específico, tienen que buscar la manera de conseguirlo.

“Muchos compran antojitos, que un ceviche de camarón, que un pollo asado; las mujeres se compran tintes para el cabello, los hombres sombrero, zapatos, memorias de música, más que nada ellos. Porque muchos de ellos a lo mejor sufrieron mucho a lo largo de su vida antes de llegar aquí, entonces que disfruten eso que les queda para ellos mismos”, contó.

La vida dentro de Santa Rosa también está marcada por los vínculos. Las visitas de familiares no siempre son frecuentes y, en algunos casos, el contacto queda en manos de familiares lejanos. Hay residentes cuyos hermanos todavía acuden a visitarlos, mientras que otros reciben principalmente a escuelas y familias que llegan desde fuera.

Para ellos, esa convivencia tiene un valor especial. César explicó que disfrutan que las personas los escuchen y pasen tiempo a su lado.

“Ellos quieren platicar, que te platiquen la misma historia cien veces. Digo, los que tenemos la dicha todavía de que tenemos a nuestros abuelos, pues queremos que nos la cuenten un millón de veces, así sea la misma”, contó.

Durante la pandemia de COVID-19, esa convivencia prácticamente desapareció. Las visitas al albergue fueron suspendidas y el acceso quedó restringido. El personal tuvo que utilizar equipo de protección y realizarse pruebas de COVID-19 cada 15 días.

Los residentes también vivieron el aislamiento de distintas maneras. Algunos comprendían lo que estaba pasando y otros ya no podían entender por qué dejaron de llegar las personas que acostumbraban visitarlos. Aun así, el personal procuró mantener celebraciones como el Día del Padre y el Día del Adulto Mayor para que esas fechas no pasaran desapercibidas.

De esa época surgió también la necesidad de acercarse de otra manera a la comunidad para conseguir apoyo. Roberto Akachi Robles, presidente del Patronato Pro-Albergue para Ancianos Santa Rosa, IAP, organismo que respalda el funcionamiento del albergue, explicó que comenzaron a buscar espacios como la Plaza 27 de Septiembre para mantener el contacto con la sociedad y obtener donativos.

Actualmente, las escuelas siguen teniendo un papel importante. Akachi contó que desde septiembre enviaron oficios a instituciones educativas, desde kínder hasta universidades, con la intención de que conozcan el albergue y puedan realizar visitas o servicio social.

Pero el cuidado en Santa Rosa no termina durante el día. Por las noches permanecen vigilantes y personal de enfermería en los dormitorios, quienes conocen los protocolos para responder ante una emergencia.

Después de las lluvias recientes, el albergue permaneció dos días sin energía eléctrica. Para mantener frescos los dormitorios durante la noche consiguieron una planta que permitió utilizar los equipos de enfriamiento.

Otro aspecto que ocupa al personal es la situación con la que llegan algunas personas. César explicó que hay adultos mayores que ingresan sin documentos y con un deterioro cognitivo muy avanzado, por lo que ni siquiera siempre pueden confirmar su nombre o fecha de nacimiento.

Por ello buscan tramitar cartas de identidad y reunir la documentación necesaria. El objetivo también está relacionado con algo que ocurre al final de la vida: que puedan tener una sepultura digna y no terminar en una fosa común por no contar con documentos que acrediten su identidad.

“Tratamos muchas veces de movernos, que nos den cartas de identidad, a tratar de sacar todas esas documentaciones para que el día en que ellos lleguen a fallecer no los entierren en fosa común, no los quieran enterrar en fosa común y que tengan su sepultura digna”, explicó.

En algunos casos, los residentes incluso han adquirido paquetes funerarios mediante acuerdos de pago con una funeraria. Cuando existe familia, el Patronato intenta que puedan hacerse cargo y despedirse de su familiar. Cuando no hay quién asuma esa responsabilidad, el propio Patronato interviene.

Actualmente, Santa Rosa cuenta con espacios disponibles. Roberto Akachi explicó que los casos de quienes buscan ingresar se estudian de manera individual, ya que el Patronato absorbe buena parte de los gastos que implica mantener a una persona dentro del lugar. El DIF Estatal, por su parte, cubre el pago del personal.

Para quienes trabajan ahí, el propósito va más allá de dar techo y comida. Roberto Akachi explicó que muchas de las personas que llegan al albergue quizá no tuvieron las mismas oportunidades durante su juventud, pero todavía pueden encontrar una etapa de su vida con cuidado y dignidad.

“Que les demos una mayor calidad de vida estos últimos años, meses, días, lo que les quede, que vivan felices, que sea una larga tarde, que no oscurezca tan rápido.”

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