
Colaboración: Cinthia Gaxiola
México.- Una campaña presentada como un símbolo de orgullo nacional derivó en una polémica en redes sociales. La promotora cultural Luz Valdez denunció a la marca mexicana Someone Somewhere de haber mal pagado el trabajo de artesanas poblanas que realizaron los bordados para una colección de playeras conmemorativas de la Selección Mexicana para el Mundial 2026, en colaboración con Adidas.
Con más de 730 mil seguidores en TikTok bajo la cuenta @luzvaldezmx, lleva años usando su plataforma para visibilizar la labor de los artesanos mexicanos e impulsar el comercio justo. Aunque no pertenece a ninguna comunidad indígena, su trabajo la llevó a construir vínculos directos con artesanos de todo el país, incluyendo extrabajadores de la propia empresa, quienes le compartieron testimonios de primera mano.
En una serie de videos publicados la semana pasada, la creadora expuso que Someone Somewhere operó como intermediaria entre Adidas y más de 150 artesanas de Naupan, Sierra Norte de Puebla. Según sus fuentes, la empresa habilitó la Casa de la Cultura del municipio como taller de maquila con mobiliario, internet y un reloj checador, sin ofrecer prestaciones de ley.
Las artesanas recibieron entre 25 y 36 pesos por hora, cifra que no alcanza el salario mínimo vigente de 315 pesos diarios, mientras la colección se vendió hasta en cuatro mil 999 pesos por prenda.
Los diseños llegaron predefinidos en algunos casos elaborados con inteligencia artificial y las artesanas tuvieron que aprender técnicas ajenas a su tradición porque el bordado tradicional de Naupan no pasó los estándares de Adidas.
Someone Somewhere respondió con un comunicado y posteriormente con un video protagonizado por algunas de las artesanas líderes del proyecto, quienes defendieron las condiciones de la colaboración.

Valdez rechazó esa respuesta: señaló que las líderes eran quienes facturaban y distribuían los pagos al resto de las obreras, descontándoles además cuatro pesos por hora para cubrir sus propios honorarios, y que presentarlas como voceras equivalía a trasladar toda la responsabilidad hacia las propias artesanas para que la empresa no rindiera cuentas.
En su video más reciente la influencer reconoció el desgaste del proceso. Dijo haberse bombardeado durante días con testimonios, fotos y denuncias de artesanas que, por miedo a represalias o a perder su fuente de ingreso, no estuvieron dispuestas a hablar públicamente ni a emprender acciones legales, a pesar de que ella misma les ofreció acompañamiento jurídico gratuito. «Todo este blindaje legal, o corporativo dentro de la comunidad al final ganó», escribió.
Como cierre, anunció la creación de un directorio gratuito de profesionistas abogados laborales, especialistas en derechos de autor, fiscalistas e incluso otros dispuestos a asesorar a artesanos antes de firmar cualquier convenio con marcas.



