
Pedir comida, solicitar un viaje o recibir un paquete mediante una aplicación se volvió parte de la vida cotidiana. Detrás de cada servicio hay una persona cuyo trabajo depende en buena medida de una plataforma que asigna pedidos, calcula tarifas, registra tiempos, establece incentivos y evalúa su actividad. Esa forma de trabajar obligó también a replantear las reglas laborales en México.
La reforma en materia de plataformas digitales incorporó este tipo de trabajo a la legislación laboral mexicana. Después de una prueba piloto realizada entre julio y diciembre de 2025, el nuevo esquema entró en su etapa formal en enero de 2026. Entre sus disposiciones se encuentran el reconocimiento de la relación laboral bajo determinadas condiciones, el acceso a la seguridad social, la protección frente a riesgos de trabajo y la posibilidad de conservar la flexibilidad para decidir cuándo conectarse a una plataforma.
Los resultados recientes permiten dimensionar parte de su alcance. Al cierre de julio de 2026, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social reportó 1 millón 591 mil 030 personas beneficiadas por la reforma. De ellas, 247 mil 900 superaron el umbral de ingreso neto mensual establecido y fueron registradas como puestos de trabajo con acceso a los cinco seguros del IMSS.
El cambio resulta interesante porque durante años la economía de plataformas creció dentro de categorías laborales difíciles de ubicar en los esquemas tradicionales. Una persona podía pasar buena parte de su jornada realizando servicios para una aplicación sin tener necesariamente las mismas protecciones asociadas a otras formas de empleo. La tecnología transformó rápidamente la organización del trabajo y la legislación tuvo que responder a esa nueva realidad.
También surge una pregunta que será cada vez más frecuente en el derecho laboral. ¿Quién toma las decisiones cuando buena parte de la jornada es administrada por un algoritmo? Una aplicación puede decidir qué servicio aparece primero, cómo se distribuyen los viajes, qué incentivos recibe una persona o bajo qué condiciones continúa utilizando la plataforma. La propia regulación mexicana contempla mayor transparencia sobre las reglas algorítmicas y mecanismos para que determinadas decisiones puedan ser atendidas por personas.
La discusión también interesa a las políticas públicas. El desafío consiste en mantener características valoradas por quienes trabajan mediante estas aplicaciones, como la posibilidad de elegir horarios, y al mismo tiempo garantizar condiciones laborales y protección social. Los primeros meses de aplicación permitirán identificar qué funciona, qué debe corregirse y cómo evolucionan estas relaciones conforme cambien las tecnologías.
Hay además una dimensión ciudadana. Estamos acostumbrados a pensar la innovación desde la comodidad que ofrece al consumidor. Pedimos un automóvil y aparece en minutos. Solicitamos comida y podemos seguir su recorrido desde una pantalla. Con menor frecuencia pensamos en las condiciones de la persona que hace posible ese servicio.
Las formas de empleo seguirán cambiando y probablemente surgirán ocupaciones que todavía no existen. El derecho tendrá que aprender a reconocerlas sin esperar años para reaccionar. La tecnología puede transformar dónde, cuándo y mediante qué herramientas trabajamos. Lo que permanece es una cuestión básica. Trabajar para una app también genera derechos.


