
ADECEM.- El Instituto Municipal de Planeación de Culiacán (IMPLAN) nació hace 22 años con una encomienda que sigue vigente: pensar la ciudad más allá de los periodos de gobierno y construir políticas públicas que permitan ordenar su crecimiento con una visión de largo plazo.
Su creación fue impulsada en 2004 por empresarios vinculados al Consejo para el Desarrollo Económico de Sinaloa (Codesín), siguiendo un modelo de organismos técnicos especializados en planeación urbana que había comenzado a desarrollarse en Latinoamérica y que en México tuvo como referente inicial a León, Guanajuato.
Culiacán fue el primer municipio sinaloense en contar con un instituto de este tipo. Posteriormente el modelo se extendió y actualmente existen ocho IMPLANES en el estado, lo que coloca a Sinaloa entre las entidades con mayor presencia de estos organismos en el país.
La arquitecta Simei Cebreros Raygoza, actual directora general, prácticamente ha desarrollado su carrera profesional dentro de la institución. Llegó como estudiante para realizar su servicio social, continuó como voluntaria y posteriormente se incorporó al equipo técnico. Esa trayectoria le ha permitido observar desde dentro las diferentes etapas del IMPLAN y asumir ahora el desafío de convertir la planeación acumulada en transformaciones visibles para Culiacán.
PLANEAR MÁS ALLÁ DE LOS PERIODOS DE GOBIERNO
El IMPLAN es un organismo público cuya máxima autoridad es un Consejo Directivo presidido por el presidente municipal, pero con una importante participación ciudadana.
Cuenta con un presidente ejecutivo surgido de los propios consejeros ciudadanos y participan representantes de cámaras empresariales, academia, colegios de profesionistas y otros sectores. Los periodos de los consejeros tampoco coinciden completamente con los tiempos de las administraciones municipales, contribuyendo a generar continuidad.
Esa arquitectura institucional responde a la razón misma por la cual fueron creados estos organismos: una ciudad no puede comenzar de nuevo cada tres años.
Su función es generar políticas públicas urbanas a partir de diagnósticos técnicos, establecer estrategias para atender los problemas detectados y proponer proyectos que puedan mantenerse independientemente de los cambios políticos.
La experiencia acumulada también demuestra que elaborar un buen programa no garantiza su ejecución. Cebreros reconoce que el acompañamiento de la administración municipal resulta determinante para convertir el trabajo técnico en resultados.
TRES MOMENTOS EN LA HISTORIA DEL IMPLAN
La directora identifica una primera etapa de fuerte impulso durante los primeros años. En ese periodo se construyeron instrumentos que sentaron las bases de la planeación urbana de Culiacán, entre ellos el Programa Rector de Desarrollo Urbano, el Plan de Movilidad y programas parciales como el correspondiente al Parque Las Riberas.
Esos documentos partieron de diagnósticos sobre la relación entre el medio físico natural y la ciudad construida, para posteriormente establecer estrategias y proyectos. Algunos planteamientos formulados hace más de una década continúan vigentes y aparecen nuevamente en instrumentos recientes.
Una segunda etapa tuvo como característica una intensa participación ciudadana. Los procesos desarrollados entonces recibieron reconocimiento de la Organización de las Naciones Unidas y fortalecieron otra dimensión del instituto: incorporar a la sociedad en la construcción de las decisiones urbanas.
La tercera etapa es la que ahora busca construir Simei Cebreros: recuperar la capacidad técnica de los primeros años y la participación ciudadana de la segunda etapa, pero orientarlas hacia la implementación.
RECUPERAR LA HABITABILIDAD DEL CENTRO
Uno de los proyectos centrales es la recuperación de la zona centro de Culiacán.
Con la participación de Codesín, Fundación Coppel y el acompañamiento técnico del Centro para el Futuro de las Ciudades del Tecnológico de Monterrey, el IMPLAN trabajó una propuesta cuyo eje rector es regresar la habitabilidad al centro.
El planteamiento no se limita a promover vivienda. Incorpora estrategias relacionadas con seguridad, espacio público, transporte y movilidad, además de nuevas posibilidades para el desarrollo urbano.
El programa comenzó a trabajarse en diciembre de 2024, pasó por procesos de consulta y aprobación y entró en vigor el 26 de mayo. Sus políticas también tienen implicaciones para sectores que rodean el centro, como Guadalupe, Las Quintas, Chapultepec y Jorge Almada.
Con ello, la recuperación del centro deja de ser solamente una aspiración para convertirse en una política urbana que establece dónde se puede desarrollar, cuánto puede construirse, qué usos son posibles y bajo qué condiciones.
QUÉ ESTÁ FRENANDO AL CENTRO
Las consultas con vecinos, empresarios, desarrolladores, académicos y colegios de profesionistas permitieron identificar obstáculos concretos.
Dos aparecieron reiteradamente: las restricciones asociadas a inmuebles bajo protección patrimonial y la cantidad de cajones de estacionamiento que exige actualmente el Reglamento de Construcciones.
Este último problema adquiere particular importancia en una zona donde el suelo disponible es limitado. Exigir los mismos criterios de estacionamiento puede dificultar proyectos que precisamente buscan regresar habitantes al centro.
Por ello, se trabaja de forma interinstitucional en una reforma al Reglamento de Construcciones. Entre los planteamientos se encuentra reducir, bajo determinadas condiciones, la exigencia actual de un cajón por vivienda a medio cajón.
La política urbana también abre posibilidades para vivienda vertical y reconoce corredores como Obregón, Niños Héroes, Madero, Leyva Solano, Aquiles Serdán y Nicolás Bravo, donde pueden establecerse capacidades específicas de desarrollo.
No significa construir indiscriminadamente. El programa establece coeficientes de ocupación, niveles, espacios libres y condiciones particulares para determinar qué puede desarrollarse en cada lugar.
SABER QUÉ HAY ANTES DE DECIDIR QUÉ HACER
El trabajo incluyó la identificación de inmuebles con características históricas o artísticas, terrenos baldíos, predios sin uso y construcciones que permanecen vacías.
Esa radiografía permite conocer dónde existen oportunidades para recuperar actividad y habitantes sin perder el patrimonio que caracteriza al centro.
El comercio ambulante aparece también dentro del diagnóstico, pero el IMPLAN reconoce los límites de sus atribuciones. Su función es identificar el problema y establecerlo dentro de la política urbana; la ejecución requiere coordinación con Mercados, Inspección y Vigilancia, Desarrollo Económico y otras dependencias municipales.
También se reconoce que el fenómeno no puede tratarse uniformemente. Las condiciones del comercio informal en Ángel Flores no necesariamente son iguales a las existentes en otras calles, por lo que las soluciones deben particularizarse.
REVERDECER CULIACÁN PARA ENFRENTAR EL CALOR
Otro de los proyectos estratégicos es el Programa de Espacio Público e Infraestructura Verde.
La idea puede resumirse en dos palabras: reverdecer Culiacán.
La propuesta parte de una característica excepcional de la ciudad: tres ríos atraviesan su zona central y existe además una red de arroyos e infraestructura hidráulica que puede aprovecharse para extender corredores verdes hacia diferentes sectores.
No se trata únicamente de sembrar árboles o embellecer espacios. La infraestructura verde se plantea como una herramienta para disminuir los efectos del calor extremo, mejorar las condiciones ambientales y contribuir a enfrentar los efectos del cambio climático.
El programa contempla un diagnóstico de vegetación, parques y espacios públicos; una priorización de lugares que deben intervenirse y un manual de especies regionales apropiadas para banquetas, camellones y parques.
La intención es llegar incluso al ciudadano que desea plantar un árbol frente a su vivienda y necesita saber qué especie genera sombra sin provocar posteriormente daños en banquetas o instalaciones.
UNA CIUDAD DE SUBCENTROS
La planeación también reconoce que Culiacán ya no funciona alrededor de un único centro.
El crecimiento ha generado subcentros con vivienda, comercios, servicios y espacios públicos. Para el IMPLAN, fortalecerlos puede convertirse en una estrategia de movilidad.
Si una persona encuentra cerca de su vivienda los servicios que necesita, disminuye la necesidad de realizar largos desplazamientos cotidianos.
Por ello, el instituto estudia Culiacán como un sistema completo, pero también analiza sus diferentes subcentros para crear condiciones que permitan desarrollarlos y reducir traslados innecesarios.
PLANEAR LA CIUDAD CON RECURSOS LIMITADOS
Uno de los datos que dimensiona el desafío institucional es su presupuesto.
El IMPLAN opera con un presupuesto que ronda los 5.5 millones de pesos anuales y un equipo de aproximadamente 25 personas, de las cuales alrededor de 13 realizan funciones técnicas.
La directora considera que el presupuesto ideal sería de alrededor de 9 millones de pesos anuales.
La comparación adquiere relevancia cuando se observa el valor del trabajo producido internamente. Contratar externamente solamente uno de los programas de desarrollo urbano elaborados por el instituto podría representar entre 1.5 y 2 millones de pesos.
Buena parte de los documentos técnicos del IMPLAN Culiacán son desarrollados por su propio personal.
HACER QUE EL PLAN SE CONVIERTA EN CIUDAD
El siguiente paso para el centro será actualizar el Reglamento de Construcciones y hacerlo compatible con las nuevas políticas urbanas.
La intención es que quien quiera invertir pueda conocer reglas, posibilidades y restricciones desde el principio, reduciendo incertidumbre y generando mejores condiciones para materializar proyectos.
El IMPLAN busca mantener para esta etapa la coordinación construida con Codesín, Fundación Coppel y el Centro para el Futuro de las Ciudades.
Existe además otro desafío reconocido por la propia institución: comunicar mejor.
Durante más de dos décadas el instituto ha acumulado diagnósticos, estudios e información urbana que no siempre están suficientemente accesibles para ciudadanos, investigadores, empresarios o desarrolladores. Por ello se busca avanzar hacia una plataforma que convierta al IMPLAN en un referente de información sobre Culiacán, integrando datos propios con información estadística y territorial disponible.
El reto resume buena parte de la historia del organismo.
Culiacán ha cambiado profundamente desde 2004. Ha crecido territorialmente, generado nuevos subcentros, acumulado problemas de movilidad y enfrentado nuevas exigencias ambientales, económicas y sociales.
Mientras los instrumentos técnicos requieren diagnósticos, consultas, aprobaciones y procedimientos administrativos, la realidad urbana continúa transformándose.
Simei Cebreros lo sintetiza en una frase:
“La ciudad cambia mucho más rápido que los procesos técnicos administrativos”.
Después de 22 años, el reto del IMPLAN ya no es demostrar que Culiacán necesita planeación. Es conseguir que esa planeación se convierta en ciudad antes de que la propia ciudad vuelva a cambiar.


