Colaboración: Juan José Quiñónez.
Topolobampo, Sinaloa.- Gigantes de metal que un día apoderaron el mar, navegaron en tiempos tranquilos, en tormentas, a oscuras o bajo el caluroso sol, transportaron carga, capturaron toneladas de especies marinas y dieron de comer a familias enteras; en sus últimos años se desmoronan por el óxido en las aguas poco profundas de Topolobampo, el cementerio de barcos es su atracadero final.
«Tenemos en Islas verdes hay ahí varios barcos que algunos pues fueron abandonados porque ya no tienen uso o igual porque quedaron varados en algún mal tiempo en algún huracán, también tenemos aquí en playas las hamacas un chalan, a la gente le gusta mucho visitar y ver estos restos que quedaron ahí» comentó Mariele Zapata, promotora turística.
Ahora son el reflejo del paso del tiempo, llenos de historias por contar, lo que desata algunos mitos y leyendas entre los pobladores sobre tesoros escondidos, fantasmas o piratas.
«Es de un señor que venía en lo que era canoa antes de que no existiera embarcaciones ni lanchas, llegaba y compraba con monedas de oro (…) era un señor de raíces indígenas y la gente dice que agarraba precisamente donde esta ese barco grande por el medio del cementerio y agarraba por los canalitos que se formaban y todo y se perdía en lo que es ahora la carretera… tenemos muchos buscadores de tesoros, de hecho hay una cueva que es donde esta la cueva de los murciélagos tiene subterráneo así y sale un lado de la carretera», Elvis Tonali Gastélum, capitán abordo.
Además de las historias detrás de los barcos que atrae a turistas, las proximidades al puerto les brindan una segunda oportunidad de vida al ser refugio para muchas comunidades de peces y corales, convirtiéndolos en zonas para la pesca recreativa, el buceo o el Kayak.
«Aquí en Topolobampo tenemos muchas cosas que hacer tenemos playas muy bonitas, varios santuarios de delfines, de aves de especies marinas y este también es un atractivo, el cementerio de barcos, el misterio a la gente le atrae venir a visitar y conocer esos barcos que en algún tiempo estuvieron en funcionamiento y tuvieron que ser abandonados por un mal tiempo», Mariele Zapata, promotora turística.
La tradición del nacimiento de un barco nuevo se celebra por todo lo alto y no se perdona la costumbre de romper una botella en el casco, para un buen «viento en popa»; sin embargo, el descenso de un veterano de los mares no es tan ceremonial, algunos fueron sorprendidos por tormentas o cayeron al fondo del mar en épicas batallas, aun así los esqueletos de los buques hundidos despiertan fascinación, lugares perfectos que evocan aventuras.




