
México.- Para los antiguos mexicas, la compañía de un perro podía continuar incluso después de la muerte. Al xoloitzcuintle se le atribuía la capacidad de ayudar a las almas durante su viaje al Mictlán, el inframundo de esta cultura, una creencia que permanece vinculada a las celebraciones del Día de Muertos.
El xoloitzcuintle es una raza originaria de México que se distingue por su escaso pelaje. Su nombre proviene de Xólotl, una deidad relacionada con la oscuridad y el inframundo, e itzcuintli, palabra náhuatl que significa perro. Esta relación con el mundo de los muertos le otorgó un papel especial dentro de las antiguas creencias.
Los mexicas consideraban que quienes fallecían por causas naturales debían emprender un largo recorrido hasta el Mictlán. Durante el trayecto enfrentaban diferentes obstáculos, entre ellos un río que necesitaban cruzar para continuar su camino.
Según la leyenda, los perros ayudaban a las almas a atravesarlo. Algunas versiones señalan que los animales de color café o rojizo eran quienes aceptaban llevar a los difuntos hasta el otro lado, por lo que su presencia resultaba importante durante el viaje.
Esta creencia también se reflejaba en las prácticas funerarias. Raúl Valadez Azúa, investigador del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explica que los hallazgos arqueológicos permiten relacionar a los perros con los entierros prehispánicos.
Aunque el xoloitzcuintle es la raza más asociada con esta tradición, las investigaciones también identificaron restos de otros tipos de perros junto a los difuntos, lo que demuestra que este significado espiritual no pertenecía exclusivamente a los ejemplares sin pelo.
La relación entre estos animales y el mundo de los muertos también dio origen a otros relatos populares. Durante las fechas cercanas al Día de Muertos circula la creencia de que los xoloitzcuintles duermen más de lo habitual porque, mientras descansan, acompañan a las almas que regresan a visitar a sus familiares, esta historia relaciona el descanso de los perros con su función como guías espirituales.
La figura del xoloitzcuintle también alcanzó popularidad internacional con Coco, la película de Disney y Pixar estrenada en 2017. En ella aparece Dante, el perro que acompaña a Miguel durante su recorrido por el Mundo de los Muertos, inspirado en la antigua creencia sobre estos animales.
Durante la película, Dante termina adquiriendo la apariencia de un alebrije, lo que puede provocar confusión sobre el origen de ambas figuras, pues tienen historias diferentes dentro de la cultura mexicana.
El xoloitzcuintle es un animal real cuya relación con la muerte se remonta a las creencias prehispánicas. Los alebrijes, en cambio, son figuras fantásticas creadas por el artesano Pedro Linares López durante la década de 1930, elaboradas originalmente con cartón y caracterizadas por combinar formas de distintos animales.
Con el tiempo, estas artesanías también comenzaron a elaborarse en madera, especialmente en comunidades de Oaxaca. Su apariencia colorida llamó la atención de los creadores de Coco, quienes decidieron representarlas como guías espirituales, aunque esa función no forma parte de su origen histórico.
En la película, uno de los ejemplos más conocidos es Pepita, el enorme alebrije que acompaña a Mamá Imelda. Así, la producción incorporó una creencia antigua relacionada con los perros y una expresión artística mexicana mucho más reciente.
El valor cultural del xoloitzcuintle recibió un nuevo reconocimiento el 27 de octubre de 2026, cuando el Gobierno de la Ciudad de México declaró Patrimonio Cultural Inmaterial los conocimientos y expresiones culturales asociados con esta raza.
La declaratoria busca preservar las creencias que forman parte de su historia. El reconocimiento corresponde a su significado cultural y no constituye una medida de protección sobre las características biológicas del animal.
La historia del xoloitzcuintle continúa presente en las celebraciones del Día de Muertos como un recuerdo de la relación que los antiguos pueblos mexicanos establecieron con estos perros, a los que consideraban compañeros capaces de permanecer junto a las personas más allá de la vida.



