La educación en el mundo de la complejidad

Imagenmedia Noticias11 marzo, 2024

Colaboración/ Autores: Evelyn Guerrero Amarillas, Daniel García Cota, Ángel González Escalante, César Alberto Íñiguez Ayón. 

 

En lo que respecta al análisis de la educación desde la perspectiva de la complejidad, se asume que la educación toma diversas expresiones. No existe un acuerdo unánime sobre sus fines y objetivos.

Cualquier cambio que se produzca en la educación ha de tomar en cuenta el aspecto sistémico del proceso educativo; Es por esto que una característica de la visión sistémica en la educación, es articular las partes que conforman la escuela como un todo coherente, el currículo, los roles de profesores y alumnos, el tiempo, entre otras. Y también habrá de tomarse en cuenta, las necesidades de un entorno social que demanda nuevas formas de integración de los estudiantes y sus saberes. Una perspectiva distinta a la visión tradicional del conocimiento de la realidad.

La escuela desde el enfoque tradicional, durante muchos años, ha aceptado que un buen aprendizaje era aquel que permitía a los alumnos repetir fielmente textos o la exposición del profesor. El valor del aprendizaje, estaba relacionado fundamentalmente con la capacidad de reproducir. Una prueba de esta manera de actuar se constata hoy en día en la mayoría de los exámenes que siguen exigiendo la reproductiva como habilidad prioritaria. Detrás de esta forma de pensar, se da una asociación o una equivalencia entre los conceptos de aprendizaje y reproducción literal, en los cuales la idea de comprensión es un valor no inherente al aprendizaje, sino una posibilidad de mejora de éste (Zabala, 2002).

Desde el marco de la racionalidad tradicional, la manera de abordar la formación humana es muy limitado, ya que dicha racionalidad tiende a manejar el conocimiento desde la autoridad, presenta dificultades para asumir los cambios en las ideas, desconoce los límites y niega el afecto y el amor (Tobón, 2005). Pensar la educación desde el pensamiento complejo, ostenta una nueva perspectiva, como lo propone Morín (2000a):

La verdadera racionalidad, abierta por naturaleza, dialoga con una realidad que se le resiste. Ella opera un ir y venir incesante entre la instancia lógica y la instancia empírica; es el fruto del debate argumentado de las ideas y no de la propiedad de un sistema de ideas. Un racionalismo que ignora los seres, la subjetividad, la afectividad, la vida es irracional. La racionalidad debe conocer el lado del afecto, del amor, del arrepentimiento. La verdadera racionalidad conoce los límites de la lógica, del determinismo o del mecanicismo; sabe que la mente humana no podría ser omnisciente, que la realidad comporta misterio; ella negocia con lo irracionalizado, lo oscuro, lo irracionalizable, no es solo crítica sino autocrítica. Se reconoce la verdadera racionalidad por la capacidad de reconocer sus insuficiencias (Morín, 2000a:20).

Desde el enfoque de la complejidad, un sistema, es un conjunto de elementos relacionados por nexos múltiples, capaz, cuando interactúa con su contexto, de dar respuesta, de evolucionar, de aprender y de autoorganizarse (Morín, 1993).

Respecto a esto Doyle (2008), señala, el mundo actual según el enfoque complejo, es un gran conjunto de sistemas, compuesto por sistemas a su vez, que se retroalimentan mutuamente. Cada vez que esto ocurre, hay un intercambio de información que, de vez en cuando, provoca una crisis que reordena el conjunto de variables, permitiendo, así que los procesos internos se adecuen a los cambios del contexto en el que el sistema se desarrolla. De este modo, se mantiene un equilibrio regulado por fuerzas polares caóticas que provocan un reordenamiento forzado que previene el colapso de la estructura.

En la sociedad existen infinidad de ejemplos de realidades complejas. Un ámbito que puede ser descrito usando el paradigma de la complejidad, es la educación. Al decir de Senge y otros, (2002):

La escuela es también un sistema social, una fuente de amistades y posición social para la mayoría de los alumnos, un lugar adonde se les exige ir durante ciertas horas del día, un centro de desarrollo y adiestramiento constante para el personal docente, y muchas veces un lugar de trabajo sindicalizado, todo lo cual agrega niveles adicionales de complejidad (Senge y otros, 2002: 26).

Al ser un sistema complejo, se debe tener en cuenta su funcionamiento en relación al entorno, sus interacciones y sus cambios. Sin embargo, como Ruiz (1999), advierte, la pedagogía actualmente carece de una adecuada comprensión de la complejidad como algo inherente al proceso de formación del individuo, lo cual finaliza la mayoría de las veces produciendo en los actores educativos caos y confusión que afecta la eficacia pedagógica.

De acuerdo con lo que señala Ruiz (2007) y Zabala (2002):

La enseñanza tradicional de carácter propedéutico ha promovido una desvinculación entre el conocimiento cotidiano y científico, y viceversa, de manera que la mayoría de nosotros dispone simultáneamente de dos tipos de conocimientos: el que nos sirve en nuestra vida diaria y el que, a pesar de poseerlo, solamente sabemos utilizar en contextos académicos […]. Si entendemos que la función de la escuela debe ser la de promover los medios para intervenir en la realidad, está claro que el único conocimiento que se tiene que adquirir es aquél capaz de facilitar esta intervención. Se trata, por tanto, del conocimiento cotidiano. Desde esta finalidad no tiene sentido la existencia de los dos tipos de conocimiento en una misma persona. Solo podemos hablar de un tipo de conocimiento que nos sirva para comprender y actuar con mayor grado de fundamentación científica, lo que quiere decir, también, en un mayor o menor grado de reflexión sobre el propio conocimiento (Zabala, 2002:50).

En este sentido educativo Rozo (1993), infiere que la realidad se muestra como determinista y dada, negándose la posibilidad de la desviación, la curiosidad, el error y la pregunta. La educación todavía le sigue dando mucho peso a la clase magisterial, la cual busca la transmisión de conocimientos desde una relación vertical, patriarcal y de sometimiento.

En torno a esta situación, en la cual la educación debe ser racionalizada desde la complejidad Zabala (2002), menciona la necesidad de formar personas en una serie de conocimientos, habilidades y valores cuya finalidad fundamental consiste en saber resolver problemas que la vida en esta sociedad les va a plantear. En distintos aspectos de la vida, ya sea a nivel social, interpersonal, personal o profesional, las competencias que se pretenden desarrollar en la persona envuelven el conocimiento y la actuación en la complejidad.

Ninguno de los objetivos descritos en torno a la educación representa una intervención simple. Intervenir en la sociedad, participar en su gestión, ejercer la democracia, actuar para transformar, desarrollar la cultura de la solidaridad, de respeto, de defensa al más débil, de responsabilidad hacia el resto de los demás seres humanos, comprenderse a sí mismo, adaptarse a los cambios, aprender a aprender, entre otros, todo ello hace necesario disponer de instrumentos conceptuales, procedimentales y actitudinales capaces de dar respuesta a situaciones que se mueven siempre en el campo de la complejidad.

Por eso se hace necesario y siguiendo con Zabala (2002), una formación que facilite una visión más compleja y crítica del mundo, superadora de limitaciones propias de un conocimiento parcelario y fragmentario, que se demuestra es inútil para afrontar la complejidad de los problemas reales del ser humano. Un conocimiento de carácter global, integrador, contextualizado, sistémico, capaz de afrontar las situaciones y los problemas abiertos, diversos y difusos que plantea la sociedad.

En este sentido Morín en Grinberg (2002) precisa:

El reconocimiento de un principio de incompletud y de incertidumbre, que también implica, por principio, el reconocimiento de los lazos entre las entidades que nuestro pensamiento debe necesariamente distinguir, pero no aislar, entre sí. […] El pensamiento complejo está animado por la tensión permanente entre la aspiración a un saber no parcelado, no dividido, no reduccionista, y el reconocimiento de lo inacabado e incompleto de todo conocimiento (Morín en Grinberg, 2002:80).

La escuela, debe facilitar los medios para que se logre una transición del pensamiento simple al pensamiento complejo, al decir de García y Merchán (1997), la educación tiene que ofrecer:

  • Una perspectiva más sistémica del mundo, superando la visión aditiva de la realidad, debe transformar el pensamiento fijado en lo cercano y evidente, en la causalidad mecánica y lineal, en la idea rígida y estática del orden.
  • Una capacidad mayor para ir más allá de lo funcional y lo concreto, en cambio buscar el descentramiento y la adopción de diversos esquemas al interpretar la realidad e intervenir en ella.
  • Un mayor control y organización del propio conocimiento, de su producción y aplicación a la resolución de problemas abiertos y complejos.

La constatación de la complejidad en los procesos de la vida diaria, obliga a las instituciones educativas a transformarse para formar seres humanos que posean un pensamiento complejo, desde su propia condición de complejidad (Santos, 2001). Esto implica, renovar los enfoques en los que se asume y se aplica la realidad dada, predecible y estática, por ello, como lo menciona Tobón y Agudelo (2000), el pensamiento complejo debe ser un tema primordial por trabajar dentro del currículo y las diferentes asignaturas de un programa de estudio.

La intervención en el currículo desde el enfoque complejo, busca implementar estrategias que posibiliten a los miembros de la institución educativa un modo de pensar complejo, basándose en aspecto esenciales tales como el autorreflexión, la autocrítica, la contextualización del saber, la multidimensionalidad de la realidad, la comprensión de aquello que se quiere conocer e intervenir y el afrontamiento estratégico de la incertidumbre.

Guillaumín en Santos (2001), menciona que el aprendizaje ha sido despojado del ambiente complejo. Señala que se hace necesario complejizar la educación, específicamente la enseñanza y aprendizaje en el aula. Complejizar desde la perspectiva del autor seria:

  • En primer lugar, es una actividad pedagógica para descubrir la naturaleza unitaria, y al mismo tiempo, diversa de la realidad. Se propone derribar los límites impuestos por las disciplinas (sociología, biología, arquitectura, pedagogía, economía, etc.), la educación tradicional y un paradigma mecanicista y reductor que ha penetrado profundamente nuestra manera de percibir al mundo.
  • En segundo lugar, significa introducir en el salón de clase un conjunto de estrategias que liberen las energías y la creatividad del grupo para constituirse en un sistema adaptativo que aprende. Se trata de trabajar a contracorriente de la estructura universitaria y de un proceso rígido y fragmentado que ha permanecido ajeno a las enormes posibilidades de los individuos y la colectividad como entes complejos y capaces de evolucionar.
  • En tercer lugar, complejizar es percibir, en el aula, la complejidad misma de las cosas, las situaciones y la realidad. No se trata solo de hablar y descubrir la incertidumbre, el azar, las emergencias y la autoorganización, si no de vivirlas y utilizar la experiencia como parte de un proceso de aprendizaje abierto, reticular y articulador. Consiste, pues, en hacer consciente la complejidad que se vive en el salón de clases (Guillaumín en Santos, 2001:186).

La educación desde la visión compleja, puede definirse desde la perspectiva de Tobón (2012), de la siguiente manera:

Aplicar el pensamiento complejo en la educación es hacer inclusivo el proceso formativo, buscando que sea para todos: la unidad en la diversidad. La unidad es el acuerdo de metas en la formación y el tipo de sociedad que se pretende construir; la diversidad, a su vez, es aceptar que dentro de la unidad, las personas tienen variedad de creencias, culturas, ideas, capacidades, inteligencias, intereses, etc. (Tobón, 2012:14).

Por lo tanto, educar para un desarrollo humano capaz y comprometido con la mejora de la sociedad, conlleva la transformación de la educación desde el marco de una escuela que se vea desde el punto de vista complejo, el cual precisa que la escuela es el resultado de un conjunto de numerosas interacciones y que dichas interacciones conllevan problemas que no pueden, ni han sido resultas, desde la visión tradicional.

 

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